
Reconozco que, últimamente, llegan a casa personajes varipintos.
Ayer estuvo Naná. Llegó arrebatada, hermosa, limpia y llena de historias que contarme. Viene con frecuencia, aunque menos de la que me gustaría. Eso si, ella siempre se asegura que la visita sea un despliegue de diversiones y confidencias. No la puedo criticar, yo opino lo mismo. De hecho, jamás podría criticar a Naná, pues, en lo básico, coincidimos prácticamente en todo. Las visitas a familiares y a amigos sólo las deberíamos hacer bajo dos normas fundamentales: Con previo aviso y portando ricos hojaldres (por ejemplo, válidos también pastelitos de crema o pastas de mantequilla…). Aún así, cumpliendo estos pequeños cánones de protocolo, muchas veces la presencia de los-as visitantes resulta incómoda. Sin malas intenciones, no tiene nada que ver con eso.
Po querer a mis amigos-as-familiares como los-as quiero, y, para mantener ese deseo natural de verlos y gozar su presencia, prefiero los encuentros y/o visitas caseras, con previo aviso para que el disfrute sea total.
La casa es la guarida, debe ser tu fortín. Un lugar de paz y convivencia donde tú invitas a quien te apetece, para ofrecerle lo mejor de ti, tu morada y confianza. Cuándo todos-as estamos relajados-as, nos sentamos a "fumar y tomar" en nuestro Cuarto de Arena. Fundamental que la visita no sea de postín y que apetezca a ambas partes: Invitado-a y anfitrión-a. Y si da el sueño, en mitad de la tertulia, poder decirle a tus invitados-as: DORMIR. Y hasta otra.
Insisto. Con Naná todo es diferente.
También puedo decir que las visitas de Esteban, el loco y hermoso “grafitero” de planos y poemas, son muy, pero que muy deseadas. Ni más ni menos que las de Naná, es distinto.
Los chalados. Los echo de menos. Tenerlos cerca es comer, dormir y soñar rodeada de canciones, sones, sustancias y mate calentito. Si, en definitiva, es un placer sentirlos dentro. Ahora entiendo que la misma Dama de las Nieves se haya enamorado perdidamente del mayor de los dos hermanos. Por cierto, una pareja encantadora.
La dama de las nieves también visita el cuarto de arena. Es adorable ver como entra con la mirada llorosa de tanto amor que siente. Lleva unos días triste, pues siente añoranza de una persona. Intuyo que, en breve, se inundará su vida de sensaciones imparables. A estos amigos míos los envuelve un torbellino de incógnitas y emociones. Ojalá el “tema” siga fluyendo.
Qué suerte, son las 11:28 de la mañana, sábado de noviembre. He tenido tres invitaciones para pasar el día de hoy. Dos de ellas, bastante interesantes. La tercera… Terrorífica. Sin exagerar. No pienso acudir a ninguna cita. Tengo la casa repleta de sombras, duendes, y pensamientos. Tengo que ejercer de anfitriona y preparar filloas y castañas para tan peculiares invitados-as.
Fin de semana intenso. ¿Aparecerá también Naná?. De momento, voy de excursión matutina con mi amigo Esteban. La felicidad es evidente. Mmmmm.
"Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas..."
Joan Manuel Serrat
1 comentario:
Y varias cosas. Que el cuarto de arena me parece muy confortable, Naná fascinante, los chalados, qué decir. Que más que llorosa no quepo en mi piel, unos días por amor, otros por desolación. Que no me olvide de contarte algo acerca de los multiorgasmos y que Esteban se perfila como alguien mágico. Yo también odio al tedio gris y sigo pensando que hay un sol tras cada sombra. Solo quisiera no ser nunca un ser injusto pero a veces necesito gritar más allá del techo del mundo. Y con esto, un beso Julia. Un placer.
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