martes, 6 de noviembre de 2007

PRIMERA MUJER


La Dama de las Nieves no es una mujer de fábula. Ella existe y conversa a mi lado mientras reparte, sin previa intención, regalos en forma de sonrisas y palabras. Recién llegada a mi vida, me he atrevido a abrirle las puertas de mis habitaciones al tiempo que nos hemos brindado una confianza inusitada. Estar con ella es descansar del "resto de la gente". Su suave presencia, hace que nos deleitemos con la cordura divertida y la más exquisita y sutil enajenación de quién cree en lo que sueña. Llena la estancia de magia y sensaciones. Tiene la piel fría por la tristeza y los ojos vivos por el entusiasmo. Todavía estoy empezando a conocerla, es una "persona-reto", provoca apetencia y deseo de saber y disfrutar sus historias.
La Dama de las Nieves trabaja, escribe, trabaja, sueña, trabaja, vive, trabaja, ha parido dos criaturas, trabaja, enamora, trabaja, se entrega... Y todo lo convierte en una fiesta. Intuyo que tiene una gran capacidad de amar, no le sucede lo mismo que a los
Buendía. No todo se queda en esto, su encanto va mucho más allá, es grande por cómo siente y cómo vive. Insisto, no es una fantasía, aunque ella misma me haga dudar de lo que es real y de lo que no lo es. Podría ser un personaje del realismo mágico, cargada de energías paranormales y milagros estupendos. En realidad es una maga.

Merendando en el Cuarto de Arena, hizo levitar, de repente, toda la vajilla, hojaldres, nueces y demás viandas que había en la mesa. Fueron una sinfonía maravillosa los sones de las cucharillas contra los tazas; un festival de colores las migas pasteleras cayendo sobre los presentes. Magnífico conjunto volador. A ninguno-a de nosotros-as le pareció extraño, imagino que todos-as estábamos demasiado acostumbrados-as a nuestras personalidades excéntricas y desequilibradas. Sencillamente, disfrutamos del espectáculo de magia. La Dama mantenía, con los ojos cerrados y una expresión de paz, el ordenado torbellino. Sonrisas y miradas en un silencio que nunca hemos llegado a comentar. No importa, los magos hacen magia. Estaban presentes Naná (muñeca plata), Mateo (aguerrido marinero y montaraz funcionario), Esteban (tímido genio), Marajá (amante y compañero) y yo (víctima de esta absurda adicción a mi misma).


Hembra fría de otoño. Dama de las Nieves. Mujer intensa y noble.

Recuerdo al moreno lindo, en el Cuarto de Arena, acompañado de su hermano, los chalados. Cantó con la mirada perdida, temblaba de amor.
"... Y soy feliz, por que soy gigante, amo a una mujer clara, que amo y me ama, sin pedir nada, o casi nada, que no es lo mismo, pero es igual..." Silvio Rodríguez

sábado, 3 de noviembre de 2007

VISITAS AL CUARTO DE ARENA



Reconozco que, últimamente, llegan a casa personajes varipintos.

Ayer estuvo Naná. Llegó arrebatada, hermosa, limpia y llena de historias que contarme. Viene con frecuencia, aunque menos de la que me gustaría. Eso si, ella siempre se asegura que la visita sea un despliegue de diversiones y confidencias. No la puedo criticar, yo opino lo mismo. De hecho, jamás podría criticar a Naná, pues, en lo básico, coincidimos prácticamente en todo. Las visitas a familiares y a amigos sólo las deberíamos hacer bajo dos normas fundamentales: Con previo aviso y portando ricos hojaldres (por ejemplo, válidos también pastelitos de crema o pastas de mantequilla…). Aún así, cumpliendo estos pequeños cánones de protocolo, muchas veces la presencia de los-as visitantes resulta incómoda. Sin malas intenciones, no tiene nada que ver con eso.

Po querer a mis amigos-as-familiares como los-as quiero, y, para mantener ese deseo natural de verlos y gozar su presencia, prefiero los encuentros y/o visitas caseras, con previo aviso para que el disfrute sea total.

La casa es la guarida, debe ser tu fortín. Un lugar de paz y convivencia donde tú invitas a quien te apetece, para ofrecerle lo mejor de ti, tu morada y confianza. Cuándo todos-as estamos relajados-as, nos sentamos a "fumar y tomar" en nuestro Cuarto de Arena. Fundamental que la visita no sea de postín y que apetezca a ambas partes: Invitado-a y anfitrión-a. Y si da el sueño, en mitad de la tertulia, poder decirle a tus invitados-as: DORMIR. Y hasta otra.

Insisto. Con Naná todo es diferente.

También puedo decir que las visitas de Esteban, el loco y hermoso “grafitero” de planos y poemas, son muy, pero que muy deseadas. Ni más ni menos que las de Naná, es distinto.

Los chalados. Los echo de menos. Tenerlos cerca es comer, dormir y soñar rodeada de canciones, sones, sustancias y mate calentito. Si, en definitiva, es un placer sentirlos dentro. Ahora entiendo que la misma Dama de las Nieves se haya enamorado perdidamente del mayor de los dos hermanos. Por cierto, una pareja encantadora.

La dama de las nieves también visita el cuarto de arena. Es adorable ver como entra con la mirada llorosa de tanto amor que siente. Lleva unos días triste, pues siente añoranza de una persona. Intuyo que, en breve, se inundará su vida de sensaciones imparables. A estos amigos míos los envuelve un torbellino de incógnitas y emociones. Ojalá el “tema” siga fluyendo.

Qué suerte, son las 11:28 de la mañana, sábado de noviembre. He tenido tres invitaciones para pasar el día de hoy. Dos de ellas, bastante interesantes. La tercera… Terrorífica. Sin exagerar. No pienso acudir a ninguna cita. Tengo la casa repleta de sombras, duendes, y pensamientos. Tengo que ejercer de anfitriona y preparar filloas y castañas para tan peculiares invitados-as.

Fin de semana intenso. ¿Aparecerá también Naná?. De momento, voy de excursión matutina con mi amigo Esteban. La felicidad es evidente. Mmmmm.

"Son aquellas pequeñas cosas,

que nos dejó un tiempo de rosas..."

Joan Manuel Serrat



viernes, 2 de noviembre de 2007

BREVE HISTORIA DE NANÁ



Naná es rubia. Tan rubia como despistada. Tan despistada como divertida. Tan divertida como insufrible. Tan terriblemente encantadora que, a veces, me asusta y eso, me hace desconfiar. Cuando ella siente que me apago, es decir, que me lanzo, dándome el más doloroso "planchazo", en el tedio gris, enciende su personalidad más "verbenera" y celestial... Todo para divertirme y que sonría. Aún a costa de su propia salud.

Naná.

Es una especie de mujer santa, que no de santa mujer. De santa tiene lo que yo de multiorgásmica antes de conocerme a mi y a mis 40 ladrones. Es una mujer santa o mujer virgen por que tiene esa belleza iconoclasta y fría, que, a mi pesar, jamás pasa de moda. Bien, en realidad, es rotundamente bonita. Qué coño. Hay que reconocerlo.

De pequeña se perdió, un domingo de playa, en el arenal de Vilaminí. Se desorientó y permaneció más de 5 horas y cuarto sola, oculta, sin saberlo, por las dunas naturales. No se atrevió a moverse, ni tan siquiera a llorar. Hasta que su "testiña" de dos años decidió, con una madurez insospechada, no ponerse nerviosa y adaptarse a su nueva circunstancia.. Corrió hacia las rocas y se abrazó, con los ojos cerrados, a la más próxima. Rezó con su lenguaje de infanta, y deseó, para sus adentros, convertirse, en un dibujo más de aquel paisaje. Para ella, la vida, por entónces, eran pasajes de divertimento y todo lo que la rodeaba eran como enormes estampas cambiantes. Pintadas al pastel. Por eso, no tuvo miedo.
Cuando la encontraron, ya tenía el cuerpo acostumbrado a la roca y no quería deshacer el abrazo. Hubo un familiar que se percató del color de los ojos de Naná. No comentó nada. Habían cambiado, ahora tenían el tono extraño de las algas y el mar. Una tierna e inquietante mirada de salitre.

Hablar, o escribir sobre Naná, cansa. De veras que sí. Entended que, las personas intensas, me provocan unos cuadros espeluznantes de jaqueca. Las adoro, sí, pero me agotan. Naná vive en mi. Como viven tantos personajes que iré descubriendo. Esos, que todas las noches, sin excepción, se dedican a sortearse mis horas sueño. Que me acompañan y que amo, que me persiguen y aborrezco.
Por ejemplo, Celia, la mujer elegante. Esteban, arquitecto serio y enajenado escritor. Soledad, adolescente crispada y bondadosa. Los chalados, chapurreando topicazos y tangos de desamor. Un largo listado de almas en pena, generalmente pena inventada.
Ahora escribí de Naná, que es mentira y por eso me resulta más fácil. O no.


Gabriel Estarellas - Alfonsina y el Mar de Ariel Ramírez