sábado, 26 de abril de 2008

IMAGINO...


Nos dimos una concesión.

Un baile, o dos.

Tres, contando los labios inmediatos.

Aquello fue la guerra,

o la paz más deseada…

Abril.

Nuestros cuerpos en batalla,

enloquecidos, sedientos de navegar a la deriva,

“naufragándonos” en la noche. No queriendo llegar a la orilla.

Ocultos, a salvo en el cristal más infinito.

Con ternura, eso si.

Con la ansiedad de mil sentidos acechándonos.

No recuerdo haber deseado nunca tanto una situación; incluso de forma inquietante. Para mi, el deseo siempre fue muy evidente, y, ocultarlo, mi primera necesidad y obligación.

Me gusta jugar a sentirme fría.

Jugar a olvidarnos de esa noche.

Lamentar incluso lo ocurrido.

Hacer un drama arrepentidos…

Y jamás volver a tocarnos.

Y soñadas veces volver a saciarnos.

Son tantas las posibilidades, y tan vagos los esfuerzos por evitarnos, que sólo en el intento, muero de desilusión. Y todo menos eso, desilusión.

Tal vez no volvamos a sentirnos tan cerca, por esa razón, de vez en cuando, trataré, en sueños, de seguir trazando los duros giros de tu cuerpo.


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